Cuento: Francisca y la Muerte

Este es un relato extraído del libro “Español Tercer Grado Lecturas”. SEP. 1982. ¡Disfrutenlo!

-Santos y buenos días- dijo la Muerte, y ninguno la pudo reconocer porque venía con su trenza retorcida bajo el sombrero y su mano amarilla en el bolsillo.

-Quisiera saber donde vive la señora Francisca.

-Allá arriba- le respondieron, señalándole el camino.

Andando, la Muerte vio que eran las siete de la mañana. “Para la una y cuarto está anotada Francisca: menos mal, poco trabajo, un sólo caso”, se dijo satisfecha de no fatigarse. Y llegó a casa de Francisca:
- Por favor con Panchita- dijo adulona la Muerte.

-Abuela salió temprano- contestó una nieta.

-¿Y a qué hora regresa?- preguntó.

-¡Quién lo sabe!- dijo la madre de la niña-. Depende de los quehaceres que tenga en el campo. 

-Hace mucho sol. ¿Puedo esperarla aquí?

-Si, pero puede que regrese hasta el anochecer.

“¡Chin! -pensó la Muerte-, se me irá el tren de las cinco. Mejor voy a buscarla”. Y preguntó: – ¿ Dónde, de fijo, puedo encontrarla ahora?

-De madrugada salió a ordeñar. Seguramente ahora estará sembrando.

- Gracias- dijo secamente la Muerte y echó a andar de nuevo. Pero miró todo el extenso campo y no había un alma en él.

Entonces rabió:

-Vieja andariega, dónde te harbrás metido.

Escupió y continuó su sendero sin tino hasta que se topó con caminante y le preguntó por Francisca.

-Lleva media hora en casa de los Noriega -le contestó-. Está enfermo el niño y ella fue a sobarlo.

La Muerte apretó el paso aunque ahora el camino era más duro y fatigoso. Así que llegó hecha una lástima a casa de los Noriega:

-Con Francisca, si me hace el favor.

-Ya se fue -dijo la madre.

-¡Cómo! ¿Tan pronto? ¿No hizo la sobremesa?

-Sólo vino a ayudarnos con el niño. Se ve que usted no conoce a Francisca.

-Tengo sus señas.

-A ver,dígalas -esperó la madre. Y la Muerte dijo:

-Pues… con arrugas, desde luego, ya son setenta años…

-¿Y qué más?

-Verá… el pelo blanco… casi ningún diente propio… la nariz afilada.

-Pero usted no ha hablado de sus ojos.

-Bien; nublados… si, nublados han de ser… ahumados por los años.

-No, no la conoce -dijo la mujer-. Todo lo dicho está bien, pero no los ojos. Tiene menos tiempo en la mirada. Esa que usted busca no es Francisca.

Y salió la Muerte indignada y anduvo y anduvo. Alguien le dijo que Francisca estaba cortando pastura para la vaca. Pero  fue y sólo vio la pastura. Entonces, con los pies hinchados y la camisa negra más que sudada, sacó su reloj y consultó la hora: “¡Las cuatro y media! ¡Imposible! ¡Se me va el tren!” Y regresó maldiciendo.

Mientras, a dos kilómetros de ahí, Francisca arreglaba un jardincito. Un conocido la saludó, bromeando:

-Francisca ¿cuándo te vas a morir?

Ella se incorporó asomando medio cuerpo sobre las rosas y le devolvió el saludo alegre:

-Nunca -dijo-, siempre hay algo que hacer.

Ornelio Jorge Cardoso 

Saludos Cordiales

LeMaHaRi

 

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6 comentarios

Archivado bajo Entretenimiento, Un poco de México

6 Respuestas a “Cuento: Francisca y la Muerte

  1. Germán

    muy bien buenos recuerdos y una lectura llena de verdad ……….saludos

  2. Adrie

    Oh qué hermoso volver a leerlo después de 17 años o algo así. Era mi favorita en la primaria.

  3. ximena

    muy bien que hayan echo otraves el libro mi mama se encanto

  4. FABY

    ESTE ES UN CUENTO QUE DESDE NIÑA ME GUSTO MUCHO! QUE BUENO VOLVERLO A LEER

  5. nancy sanchez

    Esta lectura me gustaba desde niña y todavía me acuerdo de ella

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